Este pavimento, que empezó a utilizarse en el siglo XV en Venecia, ha resultado extremadamente popular durante el siglo XX gracias a su sencillo y económico proceso de fabricación, unido a una excelente durabilidad y resistencia al desgaste.

Colocado in situ o en baldosas, y gracias a su composición, estos pavimentos permiten un mantenimiento mediante su rebaje, pulido, abrillantado y cristalizado, con lo que fácilmente recuperamos el aspecto original de estas baldosas.

Además, el terrazo permite aplicar los innovadores tratamientos antimanchas que aumentan la durabilidad del brillo original y evitan que los líquidos y óxidos lastimen estos pavimentos.






















 

Pavimentos de Terrazo